33 Estrategias de Guerra – Capítulo IV

Con este capítulo terminamos la serie de artículos dedicados a poner de relieve algunas estrategias de guerra obtenidas de los mayores logistas militares de la historia. Desde CAUDAL esperamos que nunca tengáis que usar estrategias como las que plasmamos en esta cuarta parte, pero si así es ya sabéis, haced caso al consejo 33 y poned manos a la obra sin dilación, definiendo bien la estrategia de avance y la vía de salida.

21) Negocia mientras avanzas.

Nunca olvides que, en una negociación, la otra parte está trantando de conseguir todo aquello que cree que no es posible conseguir por sí solo o a través de la agresión o el enfrentamiento directo. Antes y durante una negociación trata de seguir avanzando, que no entiendan que negociar es un alivio para ti, que entiendan que tu vía fácil es el enfrentamiento y que negociar le conviene más a la otra parte. En definitiva debemos preocuparnos por que el hecho de negociar no sea confundido con debilidad. Además, que en la negociación no te confundan las actitudes de predisposición y buen ánimo; concéntrate en los hechos.

22) Aprende cuándo debes parar.

Cuando comienzas una batalla estás creando reputación en poco tiempo: tu reputación; lo que te va a definir depende de cómo vaya la batalla. Trata de evitar situaciones de las que no puedas salir (trata de visualizar siempre la vía de escape ) y, si ganas, no minusvalores a tu enemigo, tampoco le faltes al respeto hasta el punto de generar profundo resentimiento. El resentimiento suele engendrar deseos de venganza que terminarán volviendo contra ti. Hasta a los ratones les crecen los dientes.

Es sobradamente conocido el dicho de “más vale una retirada a tiempo que una batalla perdida”. En estos tiempos de fomento del emprendimiento, todos nos animan a perseverar, a seguir apostando……..pero somos nosotros los que debemos tener claro cuando seguir intentando conseguir un determinado resultado no compensa el esfuerzo invertido ni el riesgo asumido.

Repetimos, tan importante es definir a priori la estrategia a seguir como la vía de escape o el “dead line” que definirá cuando debemos pivotar, reorientarnos o abandonar.

A partir de aquí nos adentramos en el terreno de la guerra sucia. Cuando te encuentres ante extraordinarios enemigos deberás usar extraordinarias estrategias.

23) Teje una red de verdad y ficción.

Crea trampas para tus oponentes jugando con sus creencias y expectativas; trampas que les hagan bajar la guardia y ofrecer flancos por los que atacar.

24) Sobrepasa sus expectativas.

Cuando tus fuerzas son mayores a las de tu enemigo, es inteligente no hacer alardes de poder, eso hará que el enemigo te considere modesto y pequeño. Recuerda que únicamente podemos llevar a cabo acciones extraordinarias cuando tu oponente te considera ordinario. Recuerda la estrategia de Colombo y que no te traicione tu ego o tu necesidad de reconocimiento. Lo que piensan de nosotros pertenece al mundo de las ideas, lo que somos al mundo de las realidades.

25) Llénate de moral, hazla tu bandera.

En una guerra hay buenos y malos. Es importante hacer a tu oponente parecer el malo, esto le restará credibilidad y liderazgo. Hazlo parecer siniestro, desalmado y sin moral ni ética. Igualmente trata de alinear tus objetivos con buenas causas, de esa forma propios y extraños te querrán y te ayudarán a avanzar.

26) Aparenta luchar por intereses generales, por intereses de terceros mientras haces evolucionar los propios.

Debes hacerte con una red de alianzas, dales su sitio pero, astutamente, mantenlos en una posición subordinada.

27) Da a tus rivales una cuerda para colgarse.

Cuando estés tratando con alguien que sabes que es peligroso e intrigante hasta el punto de poderte destruir, trata de no enfrentarte. Mejor comparte con él información que haga nacer la semilla de la duda, de la desconfianza en terceros, de la inseguridad y contemplarás el proceso de su autodestrucción.

28) Da bocados pequeños.

Si revelas la totalidad de lo que ambicionas puedes generar odio y resentimiento. Crece, avanza con constancia y sin algarabía.

29) Entra en sus mentes.

Si quieres ser influyente, debes tratar de evitar lanzar sentencias contundentes, debes tratar de no hablar sentando cátedra, predicando o de una forma excesivamente personal. En vez de eso trata de decir las cosas de forma que las personas lleguen por si mismas a la conclusión a la que deseas que lleguen.

30) Destruye desde dentro.

Si te enfrentas a un enemigo al que sabes que difícilmente vencerás con un enfrentamiento directo, es mejor hacerse amigo suyo como mejor movimiento. Después atrae sus elementos de poder hacia tu lado y siembra la discrepancia.

31) Domina y aparenta sumisión.

Nunca vas a conseguir que nadie entregue lo mejor de sí usando tu agresividad, sonríe y sé amable mientras consigues que se cumplan tus órdenes.

32) Siembra la incertidumbre y el pánico

La mejor forma de enfocar una batalla con un gran oponente es realizar un movimiento dramático que cause terror en el adversario convenciéndolo de que eres más fuerte de lo que pareces.

33) Planta cara a los problemas.

La dimensión de los problemas es directamente proporcional al tiempo que tardas en enfrentarlos. Si esperas demasiado tiempo para enfrentarte a un problema te arriesgas a que haya crecido por encima de tu capacidad para darle una solución.

Javier Suárez
CAUDAL – Socio Director